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Música Clásica y ópera de Classissima

Jonas Kaufmann

jueves 8 de diciembre de 2016


Ópera Perú

11 de noviembre

Cinemark presenta Ópera y Ballet desde Londres

Ópera PerúNueva producción de "Norma" de Bellini. @ Tristam Kenton.Nuevamente Cinemark Perú traerá a Lima las temporadas de ópera de ballet de la Royal Opera House de Londres, en alta definición y sonido Surround. Una gran noticia para los que apreciamos la primera temporada en la cual vimos espectaculares producciones, de una de las casas de ópera mas importantes e innovadoras del mundo.La temporada se inicia en noviembre y diciembre, con cuatro títulos: El musical "Miss Saigon", el ballet/teatro "Romeo y Julieta" (desde el Branagh Theater Company) y las óperas "Norma" y "Così fan tutte".Continuará durante las siguientes semanas con ballets como "Anastasia", "Cascanueces" o "La bella durmiente", así como las óperas "Il trovatore", "Madama Butterfly" y "Otello" (con el debut de Jonas Kaufmann en el rol protagónico), y la obra de teatro Richard III.Estas proyecciones se realizarán desde el lunes 21 de noviembre en Cinemark del Jockey Plaza. Los precios y horarios están por confirmar, así como desde cuando se podrán adquirir. Esto será tanto en boletería del cine como desde la web y app de Cinemark.Queda esperar el anuncio de inicio de venta de entradas, precios y horarios.

Scherzo, revista de música

1 de diciembre

Kaufmann también cancela en los Nobel

Según ha anunciado Sverige Radio (la emisora estatal sueca), Jonas Kaufmann ha cancelado la actuación que tenía prevista durante la ceremonia de concesión de los Premios Nobel, el próximo día 8. El tenor alemán se une de esta manera a Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016, quien a pesar de haber aceptado el galardón ya anunció oficialmente que no acudiría a Estocolmo para recogerlo.  leer más




E così dolce il suon della sua voce...

15 de octubre

Dolce Vita. Amaro Kaufmann

Parece ser que el otoño se ha instalado ya entre nosotros. Las primeras bajas temperaturas se empeñan ya en enfriar las casas que conservan aún ecos cálidos de un verano que, desgraciadamente hace ya días que tocó a su fin. En estas épocas, pues, mientras escuchas el agua de la lluvia que repica insistente en los cristales de la ventana acabados de limpiar, apetece pues escuchar un disco cuyo telón de fondo tiene como escenario la bella Italia. Un disco de canción italiana y napolitana, repertorio que siempre funciona y conquista por sus preciosas y encantadoras melodías. Pero también porque cuando pensamos en semejante repertorio lo asociamos al verano, al calor, al amor y a la brillante luz del sol que se posa sobre nuestro azul mediterráneo. En definitiva, lo relacionamos con aquella época del año en la que somos más felices, y eso es, cuando estamos de vacaciones y relajados, libres del estrés que nos provoca el día a día. Un disco, el último trabajo de JONAS KAUFMANN, que tiene, aparentemente todos los elementos para ser una pequeña joya a añadir en nuestra colección de música, y que, valga la redundancia, aparentemente, conquista de entrada por repertorio y por el interés que suscita su intérprete. Así mismo, el vídeo promocional de la grabación es alentador, interesante e invita a pensar que Kaufmann puede sacar petróleo del mismo, porque en el breve trocito que nos presentan, la voz suena francamente bien. Pero lo cierto es que, volviendo a la apariencia, todo se queda en una falacia. En una ilusión. En una quimera. Qui dove el mare luccica… Con estas palabras de la canción “Caruso” comienza el disco. Y empieza potente con esta pieza a la que Kaufmann no le hace justicia. Ni a esta ni al resto de las que acaban completando un disco de una hora de duración que se hace, para mí, eterno, aun siendo una gran admiradora y amante de la canción italiana y napolitana. Y de Kaufmann, también. Siempre he dicho que Jonas en italiano me cuesta, y me cuesta mucho. Y aquí rubrica mi pensamiento y opinión. El alemán, con su voz oscura, no consigue encontrar el estilo que requiere este tipo de repertorio. Le falta la luz del sol mediterráneo, le falta dulzura, le falta sentimiento y calidez. Y temperamento latino. Allí donde brilla el mar no luce pues su voz… En alguna pieza se empeña en hacer uso de la media voz, pero nunca se sitúa ni se centra. Por ejemplo en un “Parla più piano” de la película “El padrino” podría haber puesto sobre la mesa toda una paleta de recursos, de estilo, de medias voces, de matiz… pero…hay muchos peros, muchas cosas a pulir y muchas otras a mejorar para rozar, y digo rozar, el estilo que demanda la música italiana. Me da la sensación, pero, que el disco está cocido con fuego rápido en lugar de a fuego lento, con mimo, y con cariño. El repertorio no acaba de estar del todo equilibrado, y quizás las piezas menos conocidas se escapan de la inspirada música italiana que todos tenemos en la cabeza. Es como si hubieran puesto miles de canciones en una caja y, al azar, hubieran extraído, nada más y nada menos que 18, no todas acertadas en mi opinión, y venga… a grabar y a promocionar, que esto dará dinero. Y sí, lo dará, pero ¿a costa de qué?... Eso el tiempo, lo dirá. Y una y otra vez, Kaufmann lo intenta. O procura intentarlo. Pero a cada pieza que pasa, a cada obstáculo que sortea, le salen otros que le van poniendo en un sitio equivocado en el cual el tenor alemán no tiene cabida por mucho que se empeñe. Quizás en las piezas más conocidas y ya escuchadas como un “Non ti scordar di me…” o un “Core ´ngrato”… bueno… la cosa toma otra dimensión. No puedo decir que esté mal cantado, porque no lo está, Kaufmann llega y brilla en sus notas altas, no tanto, curiosamente, en las más graves, pero aún así el binomio Kaufmann-napolitana, no me encaja. Como el agua y el aceite. Una lástima. Decepciona. Mucho. Y más cuando una tiene unas expectativas tan y tan altas. Neutras con cuenta-gotas… Si algo espera una cuando escucha canción napolitana es el uso y abuso, a veces, de la vocal neutra que aquí en “Dolce vita” asoma discretamente. Solo en “Passione” Kaufmann hace reiterada gala de ellas.  Se notan trabajadas y se agradece el detalle, pero en el resto, brillan por su ausencia. Sin embargo sí que debo loar la exquisita dicción en italiano, incluso en las piezas que no conocía, porque es realmente sensacional. Una no pierde palabra con Kaufmann, y lo único reprochable de ello es que no ha corregido ese uso y abuso de la erre que sigue sonando espantosamente fuerte y germánica y que, endurece el discurso en lugar de suavizarlo y ponerlo a tono y a compás de lo que está cantando. Un estilo que requiere de más sutileza y menos rigidez. No está cómodo y esto acaba haciéndose patente. T´amo, sei tu il mio grande amore, la vita del mio cuore, sei solo tu… Y estas palabras no van referidas a Kaufmann. Todas ellas, bellas y sentidas emanan de mi corazón, cada día, a cada instante de mi vida, porque mi gran amor, la vida de mi corazón, está en el cielo. Con él descubrí dos de las canciones que el bávaro interpreta en este disco y que, lo reconozco, me hicieron llorar. Pero no por la interpretación, no por el estilo, no por el matiz, sino por lo que para nosotros significa. ¿Verdad? Desde el cielo, mi abuelo asiente diciendo que sí. Lo siento. Lo veo. Lo noto. “Ti voglio tanto bene” quizás, remembranzas aparte, es para mí la mejor pieza del disco. Sin embargo, quedé bien decepcionada y chascada con su “Parlami d´amore, Mariù”, por los arreglos, por la forma de cantarlo, con un compás a veces que parece de vals, por la manera de marcar la palabra “tutta” y por falta de tacto y calidez. Kaufmann jamás me convecerá haciendo esto. ¿Pero… es Kaufmann de verdad? De la última pieza del disco… “Il libro dell´amore” completamente de más, y porque sabemos que es el quien canta, pero está irreconocible. No Kaufmann, no… esto realmente no es lo tuyo. Un título sugerente “Dolce Vita” que al escucharlo me viene en mente Marcello Mastroiani y Anita Ekberg en su escena del baño en la Fontana de Trevi. Y dices… sí, la cosa puede tener gancho comercial. Y lo tiene. Y lo tendrá, claro que sí porque Kaufmann lo vale, pero, quedará como mera anécdota, espero, en su carrera. Mejor escucharlo en Lied, o en ópera francesa o en cancioncillas alemanas de cabaret. Ahí está su lugar. Y que las italianas, las mediterráneas, se las deje a Alagna, hombre.



E così dolce il suon della sua voce...

4 de septiembre

Un casi impecable Kaufmann...

Decir Puccini es sinónimo de sentimiento, de emociones, y a la par, de éxito asegurado. Muchos somos los melómanos que adoramos al compositor de Lucca, por su música y por todas las sensaciones que con ella nos hace vivir. Algo parecido sucede hoy en día en los teatros de ópera cuando se pronuncia el nombre de JONAS KAUFMANN. Decir su nombre es algo equivalente a un “sold out”, buenas expectativas y ganas de pasar una estupenda velada. Pero ojo, esto lleva con sí un poco de trampa y duda, porque no debemos olvidar que el divo muniqués hace sufrir a su público hasta el último momento. La sombra de la cancelación siempre envuelve su figura, y hasta que no le ves aparecer encima del escenario no puedes soltar el aire, respirar tranquilamente y decir “sí, esta noche va a ser inolvidable”. Es algo similar a lo que en catalán diríamos “el blat no pots dir que és blat fins que no és al sac i ben lligat, i tot així, encara s´escapa”. Un comprometido programa Puccini + Kaufmann. Esta es la propuesta que nos trae este DVD titulado “Jonas Kaufmann. An evening with Puccini” un concierto realizado en el Teatro alla Scala de Milan el 14 de junio de 2015. Comprometido decía porque el tenor bávaro introduce en concierto arias difíciles de escuchar en las salas de los coliseos más grandes por los cuales se pasea, merecidamente, con un desafiante descaro– en el mejor sentido de la palabra. Así pues a Jonas Kaufmann no le tiembla el pulso ni la voz a la hora de medirse cara a cara con el público milanés, y su desfile empieza con una tremenda aria, preciosa donde las haya e injustamente desechada en el fondo de un cajón “Ecco la casa, dio che orrenda notte” de “Le Villi”. Es aquí donde ya empieza a mostrarnos una vez más lo asentado que está su registro agudo. Las notas altas salen y brillan con luz propia dejando atrás ese color broncíneo oscuro de su voz. Su discurso fluye quizás con un tempo para mí demasiado lento, pero ello nos permite poder gozar del fraseo impecable e inteligente de este artista que tiene el don – gracias a Dios- de entender que la música y las palabras tienen que ir unidas. Kaufmann sabe darles el sentido que necesitan y merecen para que lleguen al público y produzca en ellos el efecto mágico que todo cantante, creo, desea: que al oyente se le ponga el vello de punta. Y Jonas Kaufmann lo consigue en más de una ocasión a lo largo de este concierto. Siempre he dicho, hasta ahora, que Kaufmann y Puccini eran un poco como el aceite y el agua. Siempre he sentido un poco de reticencia por los puccinis kaufmanianos porque en nada de lo que le había escuchado le había encontrado de lleno en el estilo que la música del gran Giacomo Puccini requiere: dulzura, cuando se necesita; vísceras cuando vas a morir desesperado; cariño y admiración ante el primer estallido sexual de un estudiante de 20 años; o el empuje y arrogancia de un hombre que se  ve ya vencedor de una prueba que le dará como medalla a una princesa a la que debe fundir con su sangre hirviente de fervor. No. Jamás había escuchado a Kaufmann hacer esto hasta este concierto en Milán. Es aquí donde encuentro en su actuación todo esto: brillo, estilo, pulcro fraseo, sus medias voces – que no obstante ya conocemos- pero que aquí llenan de sentido su interpretación. Y sobre todo, algo que también ya sabemos, el dominio del texto aunque aquí esto quede mucho más remarcado. Un claro ejemplo de todo ello, su “E lucevan le stelle”de la “Tosca”. Bravo. Bravo Kaufmann. Impecable Así podría definir sus dos grandes arias de “Manon Lescaut”, en primer lugar su “Donna non vidi mai” para después cambiar de rango y pasar de la dulzura del enamoramiento al ruego más desesperado del hombre que ama con su “Guardate, pazzo son”. Agudos asentadísimos, no hace falta que repita elogios porque van todos en la misma línea, minuciosos detalles en su fraseo e uso inteligente de nuevo de las medias voces. Y algo parejo sucede también con otra que resulta ser también impecable, su “Or son sei mesi” de “La fanciulla del west”. De nuevo aquí Kaufmann pone sobre las tablas todos sus medios y recursos de los que dispone para que su canto llegue al corazón igual que el dardo que da en el centro de la diana. Kaufmann es así. Sorprendente pero previsible. Sabes que lo hará, pero lo mágico está en que nunca sabes cómo lo hará. Y ahí es donde sale el gran artista que Kaufmann es. Puede gustar más o menos su voz, su forma de cantar, su estilo o sus maneras pero Kaufmann es sin duda uno de los dos grandes tenores del momento, con el permiso aún del Decano de todos ellos. El concierto, dirigido por JOCHEN RIEDER que debutaba en la Scala de Milán al frente de su orquesta titular, termina con uno de los grandes hitsdel mundo operístico, y no es ni más ni menos que un muy raído, pero siempre bello y agradecido, “Nessun dorma” que Kaufmann sortea sin dificultad, con estilo indiscutible y con los agudos que le corresponden, a pesar de que esta pieza, esta gran aria para siempre jamás irá asociada a la voz del muy añorado Luciano Pavarotti. No tenemos ahora al divo de Módena, pero Kaufmann es un digno candidato para hacer que este “Nessun dorma” continue siendo inmortal. El concierto finaliza precisamente, como decía, al son de “Vincerò” pero, y es algo ya connatural en todos los conciertos que después del oficial que figura en programa, vengan los bises, y en eso Kaufmann es uno de los más generosos. Cinco ni más ni menos ofreció el alemán, empezando como no, por “Recondita armonía” de la “Tosca” y allí de nuevo Kaufmann vuelve a emocionar con voz y sobre todo por haber mejorado – para mí- el estilo y la forma de afrontar esta delicada aria que se canta, no lo olvidemos, dentro de una iglesia. Su discurso un tanto lento – quizás como decía al principio del escrito- es lo que puedo reprocharle al muniqués, pero, la lentitud tiene – como decía también- su parte positiva permitiéndole envolver y dotar de sentido latente a las palabras pronunciadas. Su “Sei tu” final dirigido a Tosca disminuyendo volumen dota a la pieza de una originalidad curiosa. Sí, Kaufmann es un gran cantante señoras y señores. Su “Ch´ella mi creda”, segundo de los bises, no es tan emocionante como su hermana mayor antes ya comentada “Or son sei mesi” y cierra el capítulo de la sutilidad con su ya famosa “Ombra di nube” etiqueta que distingue a Jonas Kaufmann. Es de aquellas piezas que en sus conciertos o recitales jamás, jamás fallan. Y el ambiente, ya más relajado, nos lleva a la preciosa “Non ti scordar di me” donde el tempo lento vuelve a jugar, tal como es consabido, a favor del tenor alemán. Él lo sabe y lo explota al máximo. Y cuando uno se despajarita… Pues cuando uno se despajarita, está en los bises, es agasajado con ramos de flores espontáneos de las féminas que llenaban la Scala, cuando uno percibe cajas de regalos en pleno escenario, vítores y bravos sin parar, entiendo que suba la temperatura, del teatro y del propio tenor. Así es que, Kaufmann ni corto ni perezoso, con la ayuda del maestro Rieder, en un acto – para mí- de poco respeto al público que llenaba la Scala, se desabrocha un botón de la camisa y se saca la pajarita negra del esmoquin. Y, como decía, cuando uno se despajarita, sucede lo que sucede, se desconcentra, se lía con la letra aunque sin perder el compás, y coloca la segunda estrofa del “Nessun dorma” en la primera, en un gesto espontáneo del propio tenor que payasea ante su propia patinada. Él se lo toma riendo, salva la pieza e impresiona con su agudo final. La fiesta termina y todo son risas y alegrías. Me alegro por él aunque a mí me quede un regusto agridulce ante semejante escena. Aunque todos somos humanos y todos nos equivocamos, cosas así – aunque restará como una mera anécdota simpaticona- no hacen ningún favor ni bien a un artista de la talla y categoría de Jonas Kaufmann. Una lástima. Impecable, Kaufmann… casiimpecable.  

Música Clásica y ópera de Classissima



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